|
En
América, el rebozo es de origen mexicano indígena.
Por su origen previo a la colonia, Rebozo es vocablo español,
originario de la provincia de Cádiz, España, en dónde se usaba un
rebociño, que más tarde desapareció y se sustituyó por el mantón o la
mantilla.
A su llegada a México, los españoles encontraron el uso del rebozo
extendido en todas las tierras del Imperio Azteca, por lo que suponen
es de origen mexica.
Durante la conquista, Fray Tomás Gage encontró que el rebozo lo usaban
las indias de Guatemala y aún las que habitaban desde la región
purépecha o tarasca, hasta la aimará-quechua, en Sudamérica.
Fray Tomás describe el “huipilli” o camisa y el “cueytl” o falda de
las indias y sobre el rebozo dice:
Las más
ricas llevan brazaletes y pendientes y sus cabellos están entrelazados
con listones; no tienen gorra ni cosa alguna con qué cubrirse, a no
ser las más ricas, que cuando van a la iglesia o a una visita, llevan
una especie de velo o tela de Holanda, o de cualquier otra tela fina
traída de España o China, que les cubre la cabeza y toca casi la
tierra, y que atan alrededor de ellas con una cinta…
El
rebozo en América es indudablemente una fina adaptación del rebozo
corriente en España.
Rebozarse significa cubrirse la cabeza y el rostro con un chal o
tápalo.
Hoy, el uso del rebozo es habitual entre las mujeres indígenas y
responde a múltiples necesidades prácticas como cubrirse del frío,
cargar al hijo en la espalda, o hacerlo rodete para llevar el cántaro
en la cabeza.
Los más bellos se producen en Puebla, México para complementar el
traje típico de “China Poblana” y están tejidos a base de seda e hilos
fuertes.
Los más
famosos son: el “palomo”, el “de bolita”, el “garrapata”, el “negro”,
el “coyote” y otros muchos fabricados en Tenancingo, Tejupilco y
Cacalomacán, estado de Puebla.
|