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Las Flores… Pasión Indígena |
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El primer jardín botánico en América, específicamente en México, se sabe nació en el siglo XV, en Chapultepec, en los años 1428 a 1440 durante el gobierno de Izcóatl.
Algunos de los sabinos o ahuehuetes que Izcóatl ordenó plantar, se conservan hasta hoy, después de haber visto pasar, casi 600 años de la historia de México. .
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En Huaxtepec, el jardín botánico era atravesado por un río y medía seis millas de extensión. Se revestía de diversos ejemplares de plantas y flores provenientes de las más remotas regiones del Imperio Mexicano, que se aclimataban perfectamente y creaban impresionantes invernaderos, mucho antes de que estos se conocieran en Europa..
En 1428, el gran Netzahualcóyotl, rey de Texcoco, mandó crear los hermosos jardines colgantes que han sido universalmente comparados con los que existieron en Babilonia.
Para los indígenas, el amor por las flores constituía un culto religioso. En antiguos códices y muestras de alfarería popular, la flor era un motivo constante. Los indios mexicanos profesaban una filosofía de la Naturaleza y tenían un gran sentido del ornato.
En el antiguo México, los príncipes y los embajadores extranjeros eran recibidos con flores y los nobles tenían el privilegio de aparecer en público, llevando flores. A nadie se le permitía estar en presencia de un monarca, si no llevaba un ramo de flores que obsequiar.
Al iniciar la conquista y como consecuencia la evangelización de los indios, los misioneros se percataron de su amor fervoroso por las flores. No es coincidencia entonces, que exista una íntima relación entre la difusión del culto por la Virgen y la propagación de las plantas y las simientes florales en México y en Hispanoamérica.
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| De México al Mundo… Las Flores Mexicanas |
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Tlaloc, el Dios de la lluvia y del agua en la mitología azteca, recibía en primavera las primicias de las flores nuevas, como la mejor ofrenda para él. |
La comunidad dedicada al cultivo de las flores celebraba también en primavera las fiestas de Coatlicue, deidad de los floricultores y diosa de la tierra y la fecundidad.
A los mercados indígenas, según describía Hernán Cortés, llegaban los indios con sus atados o manojos de flores diversas, algunas conocidas en Europa, otras originarias de América y muchas más originarias exclusivamente de México.
Desde las principescas orquídeas hasta los transitorios cocomites que abren su corola por solo un día y luego mueren; los nardos, las dalias, las begonias, las nasturcias, los cempasúchiles, las extrañas manitas y las flores de nochebuena… Belleza incomparable de México al Mundo.
Todas estas flores, auténticamente mexicanas, pertenecen ya al mundo entero, al igual que otras menos comunes como la “cacaloxochitl” o rosa laurel; la “cacaxochitl” o flor de cuervo, la tizaxochitl el girasol, la amapola de campo, la cajigal y la deliciosa magnolia llamada por nuestros antepasados yoloxochitl, flor del corazón o del árbol de manitas.
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De México al Mundo… La Dalia, Flor Nacional |
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La Dalia, cocoxóchitl o flor de chichipoztle para los antiguos mexicanos, debe su nombre al botánico sueco Dahl. Los indígenas la domesticaron y cultivaron con amor y actualmente ha conquistado al mundo entero, mereciendo homenajes en las Ferias de Floricultores más connotadas del mundo. |
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Originaria de Cuernavaca y Tepoztlán, la Dalia presenta innumerables variedades que los sabios floricultores indígenas fueron capaces de crear desde tiempos inmemorables.
Los aztecas la llamaron “xicamitl” derivado de xicama-xóchitl, que significa “flor de camote” ya que la planta se reproduce por bulbos. Los españoles la llamaron originalmente jicamite, derivado del nombre azteca y fue en 1784 cuando Vicente Cervantes envió al Padre Cabanilles, director del Jardín Botánico de Madrid en España, las primeras simientes de la cocoxóchitl. En España la cultivaron con esmero, logrando una nueva variedad que bautizaron como “dalia variábilis” en honor al botánico sueco Dahl, con quién el padre Cabanilles, sostenía correspondencia científica. |
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La Nochebuena...
Flor de la Navidad |
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Uno de los regalos más poéticos de México al Mundo es sin duda la Flor de la Nochebuena.
Cuetlaxochtl, así llamada por los aztecas, se cultivaba esmeradamente en los jardines de aclimatación de Netzahualcóyotl y Moctezuma y por sus tonos encendidos de hermoso color rojo sangre, los indígenas molían, cocían y filtraban un colorante, que tenía de púrpura y amaranto las fibras de algodón.
El botánico Don Juan Balme, descubrió a la hermosa flor en los lomeríos de Tasco y en las colinas del Valle de Cuernavaca y la describió tan pequeña como la bugambilia, pero rodeada de brácteas que parecen escudos de protección. Las hojas verdes, se van volviendo rojas hasta parecer de la sangre su color. |
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Hoy en día, el arbusto de hojas grandes y ovales, pálidas por la parte inferior produce brácteas de un hermoso color rojo encendido de extraordinaria belleza y gran valor decorativo y que le han merecido su gran popularidad como símbolo de la Navidad.
Los primeros en otorgarle ese valor, fueron los franciscanos de España que llegaron a Taxco a un lugar llamado Cuelaxochitlán de dónde cuetlaxóchitl era originaria.
El significado de su nombre correspondía a “flor que se marchita” al igual que la flor perecedera de la pureza, para los indígenas y que dio inspiración a los misioneros franciscanos para utilizarla al adornar el pesebre de los Nacimientos, en la época de la Natividad.
Ya en la época independiente del siglo XIX, Joel Robert Poinsett vino a México en 1823 como embajador de los Estados Unidos.
Durante su visita a Taxco, visitó la Iglesia de Santa Prisca, dónde el Nacimiento franciscano se adornaba profusamente con unas grandes flores rojas… Nuestras Nochebuenas mexicanas, ya conocidas desde entonces así.
El embajador, encantado envió a su casa de Charlestonville, en Carolina del Sur, algunas plantas de nuestra cuetlaxóchitl indígena para que se adornara con ellas la mansión y la Iglesia en tiempos de Navidad.
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A su regreso a su país, años más tarde, Poinsett se admiró de encontrar que en los jardines de su pueblo al Sur de Estados Unidos, crecían ya los arbustos de la Flor de Nochebuena, perfectamente aclimatada gracias a las plantas que él algún día envió.
La idea de difundir nuestra hermosa planta en todo Estados Unidos y el resto del mundo, le permitieron a Poinsett obtener una gran fortuna.
Por esto y en su honor como embajador de la Nochebuena en el mundo, su nombre científico es hoy poinsetta pulchérrima, comúnmente conocida como Poinsetta o Christmas Flower…
Nuestra cuetlaxóchilt indígena…. nuestra Nochebuena de hoy.
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